Cuando el estrés nos desborda, incluso la idea de “cuidarse” puede generar presión. El primer paso puede ser: “Permitirse la vulnerabilidad, darse permiso para estar en contacto con esas emociones displacenteras hasta que puedan disolverse y, a la vez, acompañarnos a poner voluntad en que el diálogo interno sea una invitación a realizar algo y no una obligación.Nuestra salud emocional está relacionada con hacernos responsables de cómo respondemos a la vida. No siempre podemos elegir las situaciones que vivimos, pero sí podemos decidir la actitud con la que nos relacionamos con ellas. También influye el lenguaje con el que nos hablamos y la elección de nuestros vínculos: que sean equilibrados y nutritivos. Además, integrar hábitos como un entrenamiento holístico, una alimentación saludable y productos de origen natural contribuye a nuestro bienestar. Incluso cuidar nuestra piel tiene un efecto profundo: cuidar nuestra piel es cuidar nuestro cerebro, ya que mente y cuerpo conviven en una conexión constante."